El Feng Shui del Amor y la Abundancia
El Feng Shui son las dos palabras chinas que significan viento y agua y se usan para designar el antiguo conocimiento de localizar y construir los lugares más auspiciosos para vivir, trabajar y descansar, aprovechando la energía que se despliega por la superficie del planeta, siguiendo la dirección de las aguas, por ejemplo, los ríos; conjuntamente con los vientos que viajan cruzando las montañas y los valles, atravesando las amplias avenidas y las calles, moviéndose por los pasillos y las habitaciones de nuestros apartamentos y casas. Una energía que nos favorece y es auspiciosa cuando sabemos usarla y aprovecharla o que nos obstaculiza y obstruye nuestros proyectos cuando dándole la espalda la ignoramos.
En el siglo noveno, Yang Yun-Sung fundó la Escuela de la Forma y desde entonces sus secretos han sido transmitidos a través de una larga tradición de maestros. Ellos con su experiencia y sabiduría han logrado, a través de los siglos, desentrañar nuevos conocimientos que permiten utilizar más sabiamente la energía que nos rodea, ofreciéndonos una visión del mundo más amplia que la occidental. Nosotros los occidentales poco imaginamos que una enfermedad o una dolencia pueden estar provocadas por una vivienda, pero el Feng Shui nos abre a una conciencia más global al reconocer que existe una interdependencia entre las enfermedades y el entorno que habitamos. Y es que la ubicación o la disposición interior de nuestra vivienda es un factor de riesgo a tener en muy en cuenta, si deseamos mantener un óptimo estado de salud. Lo mismo ocurre con las relaciones y también con la prosperidad por destacar dos de las áreas vitales de nuestra vida.
Aún recuerdo cuando hace un par de años fui invitado a almorzar en casa de una amable señora. La casa aunque bella y bien situada era un altar a la soledad y al sufrimiento emocional. Toda la casa estaba bellamente decorada con valiosas obras de arte que habían sido adquiridas a través de innumerables viajes u obsequios. –Debes sentirte muy sola, -comencé diciéndole delicadamente. Ella me miró sorprendida y luego me contó que estaba divorciada, y que a pesar de su juventud y habilidad relacional no conseguía formalizar una nueva relación. -Si quieres tener una relación feliz y duradera tienes que cambiar algunas cosas de tu casa, -le dije. -Tu casa es hermosa, pero sufre y su sufrimiento te invade y te arrastra a la melancolía. Entre nuestro hábitat y nosotros existe una constante retroalimentación.
-Fíjate, en aquella figura, -le dije.
-Ah sí, ya veo que te gusta. Es un Lladró que me obsequió mi madre. –respondió sonriendo.
-Pero qué representa, -insistí.
-Bueno, como ves, es una mujer con un cesto de flores. –respondió lentamente.
-Una mujer sola. –puntualicé.
Ella me miró con extrañeza, pero cuando le señalé el cuadro que colgaba de la pared y que también representaba a una mujer sola, empezó a abrir sus ojos con sorpresa y mirando alrededor contó hasta siete representaciones de su soledad. Luego cuando recorrimos la casa llegamos a contar hasta veintisiete. Finalmente cuando llegamos a su dormitorio le dije:
-Si quieres tener una pareja no duermas con una sola mesita de noche, coloca otra al otro lado de la cama y saca el osito de encima de tu cama. Entre tú y el oso no creo que quepa nadie más.
Dos años después me cuenta: Mi vida ha cambiado. Ahora comprendo que yo había creado un hogar infeliz y este me devolvía mi infelicidad. Cuando con tu ayuda creé un nuevo hogar, influida por mi nuevo hábitat mi vida comenzó a mejorar. Ahora puedo hablarte de amor y felicidad, voy a casarme próximamente.
El cambio más importante de todos comienza desde nuestro interior, pero este puede generarse cambiando nuestro exterior. El Feng Shui nos muestra la forma correcta de obrar con amor y sabiduría, habilidad y eficacia para lograr salud, amor y éxito en nuestra vida.
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